martes, 21 de marzo de 2017

Delineando el futuro

Está transcurriendo un mes de marzo difícil, como suele suceder en los últimos años como consecuencia de arduas negociaciones por las paritarias. Este año, en particular, está signado por el conflicto docente y la postura intransigente de los gremios frente a una propuesta de incremento del 19% anual más la inclusión de una cláusula gatillo en caso de haber una inflación más alta. Los gremialistas exigen que se abra una paritaria nacional (cuando son las provincias las que pagan los sueldos docentes) y ponen esa condición para levantar el paro y el conflicto. La paritaria nacional viene a ser una suerte de salvavidas para provincias como Santa Cruz, que no ofreció ningún aumento, o Entre Ríos, que ofreció un 6%. Con todo, parece más que evidente la intencionalidad política de los gremios docentes, cuyos paros tienen un acatamiento cada vez menor. Es lamentable que un reclamo justo se desvirtúe por el oportunismo de ciertos sectores políticos que no quieren perder poder ni privilegios, y tienen miedo de ir presos.
Este conflicto docente fue sin dudas el disparador de una problemática que aqueja a la Argentina en los últimos 70 años: las dificultades y obstáculos constantes que deben soportar los gobiernos no peronistas, que desde la existencia del peronismo nunca pudieron concluir el mandato otorgado constitucionalmente por el voto popular. Pareciera que nadie quiere entender esto, o nadie se pregunta cómo muchos de los que gritan hoy hacían silencio durante el kirchnerismo. El periodismo le hace el juego a estos sectores desestabilizadores, y levantan el dedo con una facilidad que no era vista hasta hace 15 meses atrás. Es evidente que hay una desesperación por querer ver a Macri irse en helicóptero, porque eso le garantizaría, por fin, al peronismo, ser la única alternativa posible para gobernar, como bien se desprende del germen totalitario del PJ. Si Macri logra consolidar su proyecto y terminar el mandato en 2019 (ni hablar si hubiera una eventual reelección), sería la prisión y la pérdida de privilegios de muchos sectores que fueron gobierno en 24 años de 26 entre 1989 y 2015. Sería la posibilidad de afrontar realmente una verdadera democracia, algo que el peronismo, en el fondo, aborrece.
De ninguna manera creo que Macri sea el salvador de la patria, y si el día de la mañana se presenta una alternativa mejor a Cambiemos, superadora, la votaré, siempre y cuando sea una alternativa democrática y que en los debates busque enriquecer posiciones y construir, y no imponerse por la fuerza o invalidar totalmente otras opiniones. Siento que como sociedad estamos cansados de que nos pisoteen o nos quieran decir que sentir o que pensar. Sueño con un país donde haya muchas opciones para elegir y haya respeto mutuo. El peronismo siempre soñó con ser la única opción, eliminando a todas las demás, y ese es el principal motivo de estos 70 años de decadencia. Quiero votar a los mejores, no a los únicos, ¿Tan difícil es entender?

Sé que este artículo no es estrictamente económico, pero si queremos ser un país con futuro, debemos erradicar las tendencias totalitarias, a querer monopolizar la verdad e imponer un pensamiento único. Sólo así seremos el país que soñamos todos, y que sin duda construiremos entre todos.

lunes, 31 de octubre de 2016

Justicia

En el día de la fecha, la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner se presentó a declarar en el marco de la causa por direccionamiento de contratos de Obra Pública que inició Vialidad Nacional. Este llamado a indagatoria marca un grado de sospecha (y posible confirmación posterior) muy importante del juez Julián Ercolini, en gran parte generado por el implacable dictamen que emitieron los fiscales Pollicita y Mahiques. Hay pruebas contundentes que confirman el ya evidente beneficio que recibió Lázaro Báez en los contratos de Obra Pública, al punto que fue el único empresario al que no se le debía ninguna suma de dinero, habiendo dejado inconclusas menos de la mitad de las obras. El avance a pasos agigantados de esta causa no hace más que llevar a preguntarse por cuál será su situación procesal durante 2017, año en el que pretende arañar una banca en el Congreso que le otorgue los fueros que le permitan eludir a la justicia y soñar con el regreso a la Casa Rosada en 2019.
¿Especula electoralmente el macrismo con su situación procesal?, ¿Pretende que ella sea candidata en la provincia de Buenos Aires para fragmentar el voto peronista? De ser afirmativas las respuestas, es menester advertir sobre un plan B que estaría manejando la ex presidenta: presentarse como candidata a senadora, pero en Santa Cruz, que también renueva sus bancas en el Senado el año próximo. Esta opción parece factible, dado que la competencia feroz que hay en la provincia de Buenos Aires podría llevarla a un tercer lugar que la deje sin ninguna banca, mientras que en una mucho más polarizada Santa Cruz tendría asegurado el segundo lugar y, por consiguiente, la banca por la minoría. Las encuestas hablan de un caudal electoral de 25% en la provincia de Buenos Aires, el cual es, en el mejor de los casos, su techo. Sus apariciones públicas no le aumentan su imagen positiva, ni disminuyen la negativa. Los casos de corrupción seguirán aflorando y, a mi criterio, seguirán pisando las posibilidades electorales del kirchnerismo. Con lo que se debe tener cuidado es con la posibilidad de que una candidatura de Cristina, sea en Buenos Aires o en Santa Cruz, pueda llegar a perjudicar a Macri y a favorecer a otras alternativas opositoras, por considerarlo responsable de aminorar la marcha de estos procesos judiciales.

El proyecto económico que pretende llevar adelante el actual gobierno depende, en gran parte, de que la justicia muestre señales de independencia respecto de la política. El desprestigio que tenemos y el gran inconveniente a la hora de atraer capitales se ha producido, precisamente, por esta inseguridad jurídica, donde el poder político ha pretendido convertir al poder Judicial en un apéndice que se pueda manejar discrecionalmente. Cualquier especulación electoral sobre el accionar de la justicia debe erradicarse, porque es la problemática que venimos observando históricamente en nuestro país. La independencia de la Justicia debe ser un imperativo, y el eje de discusión en la campaña electoral del 2017.

jueves, 27 de octubre de 2016

Redes sociales

Hoy voy a analizar un tema muy espinoso. Voy a realizar un análisis sobre cómo nos influyeron las redes sociales. Ciertamente, en una red social, un punto de vista individual es como una gota en un océano (Elijan el que quieran). A la luz de los hechos, han generado un grado de adicción que considero una paradoja. Estamos más comunicados, pero a la vez estamos más distantes. Es muy probable que lo que leamos en las distintas redes sociales nos produzcan sentimientos exacerbados y más cerebrales que lo que representaba estar cara a cara con quienes conocíamos. Nos alegramos, nos entristecemos, nos enojamos o nos decepcionamos a partir de la lectura de un estado de Facebook, de un tuit o de un whatsapp. El cara a cara ha perdido terreno, ha comenzado a ser algo difícil de lograr. Hoy las elucubraciones son cada vez más prolongadas, cada vez más motivadas por lo que sale publicado, que no hace más que reforzar inseguridades e inquietudes que, si bien existieron siempre, hoy tienen un alimento más poderoso. ¿Estoy sugiriendo que “todo tiempo pasado fue mejor”? Absolutamente no. Las redes sociales han sido una poderosa herramienta para darnos a conocer, para que la gente sepa lo que sentimos, lo que pensamos, lo que opinamos. Claramente, representan una evolución inconmensurable. El mensaje es que tenemos cada vez más herramientas, pero a la vez, somos cada vez más irresponsables para utilizarlas, o no tenemos el nivel intelectual requerido para ello. En resumen, algo creado para que evolucionemos, termina generando el efecto contrario, yendo rumbo a la involución. Las redes sociales fueron como ese padre sobreprotector que pretende hacer todo por nosotros, que pretende resolvernos todos los problemas y tener siempre una solución a mano. Nosotros, al fin y al cabo, quienes nos acostumbramos a “tener todo resuelto”. En ese “tener todo resuelto” es donde la mente empieza a buscar otros horizontes para explorar, donde empieza a generar nuevas alternativas a lo que ya conocemos. Lo primero que hice yo cuando me abrí Facebook, por ejemplo, fue buscar a mis compañeros de la primaria, a mis compañeros de la secundaria, y así sucesivamente. Y a partir de ahí expandir el espectro hasta encontrar los temas de mi interés, y quiénes los compartían. Muchos amigos que hacía años que no se encontraban, se reencontraron a partir de esta experiencia. El problema fue lo que ocurrió luego de esa etapa de reencuentro. Obviamente, no faltó quien buscó información sobre una ex pareja, o sobre alguien con quién se tuvo un pasado conflictivo. Así como afloraron buenos recuerdos del pasado, afloraron también los malos, se recrudecieron enfrentamientos que ya parecían cerrados. Cuando nos peleamos con alguien, tenemos la posibilidad de encontrarlo a través de un clic, y ver qué hizo de su vida, y encontrarse con que, por ejemplo, se casó con esa persona que te “robó”. Ciertamente, está la opción de bloquear, pero también la opción de crear perfiles nuevos, o revisar desde el perfil de un amigo. Es un problema que habrá que abordar, sin dudas, porque a partir de estos inconvenientes se han producido desenlaces fatales. La libertad de las redes sociales se ha convertido en libertinaje. Cualquier intento de regulación de las redes sociales está mal visto, porque es considerado un acto de censura o una intromisión indebida. Pero es hora de que los límites también lleguen a este plano, porque el principio fundamental de que nuestros derechos terminan donde empiezan los de los demás también debe llegar aquí. Por redes sociales empiezan las peores provocaciones, y las soluciones siempre quedarán a mitad de camino.

martes, 18 de octubre de 2016

Violencia de género

Así como la semana pasada escribí sobre inseguridad, esta semana hablaré sobre una causa que está en boca de todos en este último tiempo: la violencia de género. Mucho se ha escrito sobre la creciente y preocupante ola de femicidios que se produjo en este último período. Es un fenómeno cada vez preocupante, y no se da sólo en Argentina, sino en todo el mundo. La justicia incorporó la figura penal del femicidio, otorgándole penas mucho más graves que las del homicidio simple. Considero, sin embargo, que sigue siendo deficiente el control que se ejerce con respecto a las restricciones de acercamiento, las cuales siguen siendo violadas en 8 de cada 10 casos. La orden de restricción sigue siendo una herramienta para “sacarse el problema de encima”, y es ese el reclamo justificado que se le hace a la justicia, que debe involucrarse y brindar soluciones integrales. El botón antipánico resultó ineficiente, dado la dificultad que tenían las víctimas para activarlo ante la inmediatez y la velocidad de la amenaza del agresor. El método uruguayo, donde se le pone una pulsera al denunciado y se activa una alarma si viola la orden de acercamiento a la víctima, parece ser hoy lo más cercano al éxito en la materia.
A pesar de todos estos avances descriptos, la situación sigue cada vez empeorándose más. Ciertamente, la dificultad principal radica en determinar el momento en el que la violencia comienza. Entiéndase como violencia no a la física en sí, si no al momento en el cual el victimario empieza a atacar a la autoestima de su víctima, pretendiendo convertirla en un objeto de su propiedad. Es desde ese momento donde el agresor desarrolla la actitud posesiva, el “mía o de nadie” que es, en muchos casos, el móvil que lleva a los violentos a cometer las fatalidades que venimos observando. Una vez que se logra “bajarle las defensas” a la víctima, el agresor la somete, impidiendo cualquier intento de ella por terminar la relación o pedir ayuda. El agresor no soporta que su víctima intente rehacer su vida sin él, o intente obtener su independencia, y esa desesperación lo lleva a obsesionarse, a decir “mía o de nadie”.
En mi opinión, la solución al problema es atacar este móvil. Lamentablemente, las redes sociales han potenciado esta conflictividad, debido a que el agresor tiene más acceso a contactos y a información que antes era difícil de obtener. En los casos en los que la relación efectivamente se termina, se encuentran constantemente con información suministrada indirectamente por alguien del entorno que tenían en común, lo cual alimenta el resentimiento, despierta el “no vas a estar con otro que no sea yo”. Ciertamente, cualquier regulación que se quiera imponer a las redes sociales será mal vista, pero aconsejo el monitoreo a las redes sociales, ya que saber a qué información pueden acceder los agresores puede servir también para prevenir.
Finalmente, no hay que pasar de un extremo al otro. No siempre es el hombre el malo y la mujer la buena, como pretenden instalar ciertos sectores radicalizados. Hay que estar atentos para que esta causa no sea aprovechada por oportunistas con malas intenciones, que es lo que se está viendo desde algunos sectores políticos y desde algunas mujeres que hacen denuncias falsas con la sola intención de hacer daño. Tengamos en cuenta que, cuando se termina una relación, siempre le cuesta más al hombre que a la mujer recuperarse, y en la mayoría de los casos la mujer tarda menos en formar una nueva pareja. Hay que observar también atentamente este fenómeno como forma de prevenir.

Para cerrar esta nota, resumo: justicia, sí; venganza, no. Cuando se pasa de la sed de justicia a la sed de venganza, los desenlaces suelen ser impredecibles.

martes, 11 de octubre de 2016

Inseguridad

En esta ocasión, voy a hablar del flagelo que representa la inseguridad y las implicancias que esto tiene en nuestra vida cotidiana. No descubro nada nuevo diciendo que la inseguridad es una consecuencia de muchas complicidades, a saber, entre el narcotráfico, la política y la justicia. La inseguridad es un instrumento que utiliza sistemáticamente un gobierno populista para instalar el miedo en la sociedad y la sensación de impunidad, de que esforzarse para obtener réditos es inútil, que siempre tendrá más beneficios recibir dádivas del Estado. Este esquema es tan viejo como la vida misma, y responde a la penosa ambición que han tenido las franquicias del peronismo denominadas menemismo y kirchnerismo por perpetuarse en el poder para así perpetuar sus privilegios entre la clase política.
Visto desde esta perspectiva, la problemática no ha hecho más que agudizarse desde hace aproximadamente 30 años a esta parte. Hay una marcada connivencia entre todos los resortes que tienen que actuar para que la población esté más segura. A la justicia y a la política no les importa combatir contra la inseguridad, porque reciben una parte del botín. Como hemos visto, en muchos casos la policía misma es incluso quien alienta los robos, negociando por una parte de lo robado.
Desgraciadamente, vemos como el narcotráfico se ha aliado con la política para constituir un poderoso esquema que pretende eternizarse. La inseguridad es hija de esa alianza. Por medio de la inseguridad se pretende crear un relato maquiavélico y malicioso que pretende convertir a las víctimas en victimarios, y a los victimarios en víctimas. Esto es así porque los delincuentes que roban responden a ese esquema cómplice que se pretende instalar, son clientes VIP, por decirlo de alguna manera. El negocio cierra para todos…menos para quienes salen a ganarse el pan con el sudor de su frente.
El mensaje que se dará hoy a las 20 horas en la manifestación “Para que no te pase”, tiene que observar esta realidad. Lamento mucho la especulación política que se generó en torno a esta marcha, dado que, como bien dije en los párrafos anteriores, la política es parte del problema. El reclamo es para desbaratar este pernicioso sistema de complicidades.
Espero que el gobierno actual sepa leer este fenómeno y comprenda que debe desbaratar este esquema si pretende un país sustentable en el futuro, donde se creen condiciones óptimas para invertir y para crecer en el rumbo que pretendemos. Es cierto que hay narcotráfico en todos lados, pero aquí se siguió el esquema que impera en México o en Colombia, donde el narcotráfico ya es una especie de co-gobierno. Mientras en otros lugares se lo combate, aquí se le abre la puerta de par en par. Lo demás, es empezar a atar los cabos y sacar conclusiones.

jueves, 25 de agosto de 2016

Nuestro futuro

Estamos asistiendo a una situación preocupante en materia de judicialización de las políticas que está llevando adelante el gobierno de Mauricio Macri. Si bien en muchos puntos coincido con el fallo de la Corte Suprema con respecto al aumento de la tarifa de gas (mis publicaciones anteriores ya explicaron largamente la cuestión), la noticia de que ordenaron frenar el pago a los jubilados de la ANSES me suena, cuanto menos, inexplicable. ¿Por qué no frenaron al gobierno kirchnerista cuando utilizó esos fondos para pagar Fútbol Para Todos y su insoportable propaganda partidaria? ¿Por qué no regularon la provisión de medicamentos, que en muchos casos iban destinados a personas fallecidas? Así, podemos citar numerosos ejemplos, ya que la caja de la ANSES fue la caja que se utilizó para financiar un proyecto político que tenía pretensiones de hegemonía y eternidad. En otras palabras, se utilizó para algo que no se debía.
Es preocupante la actitud de mucha gente que durante años permitieron abusos a diestra y siniestra, y ahora levantan el dedo acusador con una rapidez inusitada, que hubiera sido muy útil los últimos 12 años. De ninguna manera pretendo que se le permitan al macrismo los mismos abusos que se le permitieron al kirchnerismo. Sólo pretendo que se deje gobernar y se tenga coherencia y paciencia con un gobierno que recibió un país devastado, aunque algunos todavía crean que estábamos mejor que Alemania.
Tengamos presente que el último gobierno no peronista que pudo terminar su mandato constitucional fue Marcelo Torcuato de Alvear, hace ya 88 años (1928). El Partido Justicialista tuvo su origen en un Golpe de Estado (Perón como Secretario de Trabajo de Edelmiro Farrell), y desde su existencia, siempre quiso imponer su idea hegemónica y su pretensión de ser un partido único, manejando todos los resortes de poder cuando son gobierno y esquilmando y desgastando a los gobiernos cuando son de otro signo político. La expresión que vimos en los últimos 30 años fue la siguiente: Debilitamiento institucional constante, presión sistemática a los demás poderes del Estado y, si no pueden continuar en el poder, preparación de una bomba de tiempo para que explote a un gobierno opositor.
Están claras las intenciones de convertir a Mauricio Macri en un nuevo De la Rúa, y que luego de eso el PJ consagre a un nuevo líder y se encolumne detrás de él en busca de realizar otro proyecto hegemónico que les permita a algunos servirse, a perpetuidad, de las arcas estatales y convertirlas en propiedad de dicho partido político. Así como muchos ex menemistas se reciclaron como kirchneristas, los ex kirchneristas se reciclarán en la figura del nuevo líder. Está claro que Sergio Massa va tras ese botín preciado. Su relato hoy consiste en igualar al macrismo con el kirchnerismo y pararse desde una supuesta superioridad moral que daría “estar en el medio”. Eso no sería otra cosa que el inicio, en el cual, por ejemplo, captaría a aquellos hartos de “la grieta”.

Como conclusión final, considero que el país saldrá adelante cuando tenga instituciones sólidas y una Justicia verdaderamente independiente. Debemos dejar de cultivar líderes mesiánicos “sabelotodo”, que por su condición de iluminados se creen dueños de una verdad revelada y más allá de la ley. Entre todos lo haremos posible

jueves, 21 de julio de 2016

Inflación


La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos difundió la inflación del mes de junio, la cual se ubicó en el orden del 3,1%. Esto representa una desaceleración con respecto a mayo. Si bien se desaceleró con respecto a mayo (había dado 4,2%), destaco con preocupación el aumento de la inflación núcleo, cuyo índice de 3% en junio es levemente superior al 2,7% de mayo. Está claro que el impacto de las tarifas todavía hace mella en esta medición, sumado a las crecientes dificultades que se van sumando para reducir el déficit fiscal que aún sigue siendo muy alto e indomable. Con todo, es de esperar que hacia fin de año continúe este proceso de desaceleración y tengamos índices más cercanos al 2% mensual, ocasionados por una baja en el consumo y por un contexto recesivo que se seguirá sosteniendo, cerrando 2016 con una merma de 2 puntos porcentuales del PBI.
Asimismo, el Banco Central de la República Argentina en su programa monetario prevé bajar la inflación de 2017 a un 17% anual, pronóstico que será interpelado por las urgencias electorales y la reactivación vía obra pública y consumo. Se parte de un 2016 en donde, en promedio, se estima que se cerrará en una inflación en torno al 40%, que condicionaría aún más las expectativas que tienen todos los agentes económicos. En este tema el debate shock o gradualismo sigue siendo una materia pendiente, pero fuera de discusión está que, a la luz de lo ocurrido con las tarifas, el shock necesario para bajar la inflación sería imposible en la práctica.
La inflación, como bien sabemos, fue utilizada por el kirchnerismo para financiarse por las diferencias que se generaban, por ejemplo, por la desactualización de las tarifas. Increíblemente, la política económica que el gobierno anterior llevó a cabo en favor de un determinado sector social, terminaba por quitarles con la inflación lo que parecía ser motivo de vanagloria y autobombo. El “relato” terminó siendo una trampa donde la sensación de bienestar fue efímera, donde tantas distorsiones económicas hacen perder nociones y acostumbrarse a situaciones que han sido superadas en casi todo el mundo. Más preocupante es el asunto cuando quienes gobernaron hasta el 10 de diciembre de 2015 quieren hacernos creer que la inflación nació en esa fecha. Es muy difícil construir cuando los que destruyeron pretenden seguir haciéndolo. Este es, ante todo, el primer dato a tener en cuenta.

Por estas causas, es muy difícil que la inflación baje de los guarismos que hemos visto en los últimos años. Pareciera que nuestra pretensión es bajar la inflación manteniendo el esquema de subsidios heredado, lo cual constituye una imposibilidad manifiesta dado que de algún lado tienen que salir los recursos, y no hay demasiadas alternativas. El kirchnerismo eligió financiar el desorden fiscal con desorden monetario. El error que comete el gobierno de Mauricio Macri, por ahora, es pretender mantener ese mismo esquema por temor a ser acusados de “neoliberales”.

martes, 12 de julio de 2016

Sobre el incremento tarifario (2° parte)

 Ampliando lo escrito la semana pasada, y a la luz de este conflicto que hoy se encuentra en boca de todos, haré un análisis que intentará ser lo más objetivo posible. Si, hubo un mal diagnóstico de la situación de atraso tarifario recibida del gobierno anterior. Ahora trascendió que en el tope anterior no se preveían variaciones en el consumo con respecto a 2015. Situación que se agravó considerando que este año hicieron entre tres y cuatro grados menos de temperatura en comparación con ese entonces, lo cual, al incrementar el consumo, se posicionaba en una situación superior en la cual se hizo mal el cálculo. ¿Hay responsabilidad del gobierno actual? Sí, pero analizando esta situación en la cual nadie tiene la culpa del cambio climático registrado, hubo también responsabilidad de las empresas distribuidoras del servicio, que no obstante, aprovecharon una laguna del tarifazo declarado para sacar una ventaja en muchos casos desmedida. Algo adelanté en el escrito anterior, del cual éste es la continuación, pero a la luz del nuevo dato relevado, queda en claro también el mal acostumbramiento de ciertos sectores a un derroche que no es viable. El gobierno anterior subsidiaba el 85% de la tarifa, y con el ajuste actual, seguiría siendo subsidiado el 70 o el 75%. A la hora de hablar de esto, muchos parecen obviar, tal vez por negligencia o por incredulidad, la magnitud del desastre en política energética que realizó el kirchnerismo, donde se perdió el autoabastecimiento y se congelaron las tarifas en valores irrisorios comparados a lo que se paga en otros países de la región.

El concepto de “prueba y error” es considerado, aunque siempre será fácil opinar con el diario del lunes, y siempre será más fácil no hacer nada, que es básicamente lo que hizo el gobierno anterior, si bien, como ya describimos en el artículo anterior, intentó hacer algo con la sintonía fina en 2011, donde ya se evidenciaba un desgaste del modelo tarifario. Destaco que este gobierno, a diferencia del anterior, escucha e intenta brindar soluciones accediendo al diálogo. El anterior redoblaba la apuesta con su autoritarismo. De todos modos, hay que esperar la determinación de la Corte y atenerse a ella.

miércoles, 6 de julio de 2016

Sobre el incremento tarifario

Este es sin duda un tema que suscita mucho interés y por el que el gobierno de Mauricio Macri ha recibido la mayor cantidad de críticas por cómo se instrumentó. Sin la intención de culpar de todo al gobierno anterior, hay que tomar en cuenta cuál era el punto de partida y cuál fue el motivo que llevó a sincerar el cuadro tarifario de los principales servicios. El esquema de subsidios ya estaba desgastado y no daba para más, lectura que incluso hizo el gobierno de Cristina Kirchner tras su triunfo en 2011, lo que en su momento se conoció como “sintonía fina”, donde fue instrumentado un programa por el cual se renunciaba voluntariamente al subsidio de las facturas de luz y de gas. El accidente ferroviario del 22 de febrero de 2012 en la Estación Once, donde se produjeron 52 muertos y centenares de heridos, frenó abruptamente esa iniciativa. Víctimas de este esquema fueron el autoabastecimiento en estos recursos, se tuvo que volver a importar energía y gas a países vecinos y la desinversión generada en la última década fue alarmante, al punto de registrarse reiterados cortes de luz en el verano. Nótese que el atraso tarifario era más marcado en Capital Federal y Gran Buenos Aires, donde las tarifas que llegaban a los usuarios eran irrisorias comparadas con las que ya se pagaban en el interior del país. Esta situación sin duda tuvo un marcado fin electoralista, ya que el subsidio se concentró en Capital Federal y Gran Buenos Aires, donde vive gran parte de la población del país.
Si bien es cierto que esta situación fue generada en gran parte por un gobierno que en su momento priorizó crear burbujas de consumo y desatender irresponsablemente las implicancias que esto tendría a largo plazo, tal vez con la maliciosa intención de que “la factura la pague otro”, hay que analizar la salida que se eligió para ese laberinto. Personalmente, coincido con el análisis generalizado, el cual considera que se hizo de una forma desordenada. Se podría haber hecho de una manera similar a la negociación de una paritaria, por ejemplo, con aumentos escalonados en un lapso de tiempo determinado, por ejemplo 6 meses. Probablemente esto hubiera demorado el objetivo de la reducción del déficit fiscal, pero a la luz de las medidas ulteriormente adaptadas, al menos es algo que debería haberse evaluado. Con todo, parecen apreciarse las primeras rispideces en un equipo económico en el que, si bien Alfonso Prat-Gay asoma como cabeza visible, hay demasiadas opiniones diferentes que se terminan anulando mutuamente.
Dicho esto, también hay que alertar de los oportunistas de siempre que quisieron sacar ventaja de esta medida impopular pero necesaria, imprimiendo algunas facturas con montos exorbitantes para causar miedo y desasosiego en una sociedad golpeada por las políticas económicas erráticas no sólo del gobierno anterior, sino del cambio del rumbo constante que impide la consolidación de políticas de Estado y de una identidad que debe trascender discusiones ideológicas ya superadas en gran parte del mundo. Empezaremos a crecer el día que superemos las antinomias que siempre nos caracterizaron y dejemos de ver a quien piensa distinto a nosotros como nuestro enemigo, como alguien a quien hay que eliminar. No depende de Kirchner o de Macri, depende de todos nosotros.

martes, 5 de julio de 2016

Contexto internacional

Surgen conclusiones muy interesantes a la hora de analizar lo acontecido a nivel internacional en las últimas semanas. Basta con repasar lo sucedido en el referéndum de Gran Bretaña (“Brexit”) donde, inesperadamente, el Reino Unido decidió su salida de la Unión Europea, por un 52 a 48 en puntos porcentuales. Fueron los “boomers” (aquellos que nacieron en los ’50 y ’60, post-Segunda Guerra Mundial) los que terminaron de inclinar la balanza en una elección muy reñida. El impacto del mensaje fue muy grande porque significó un golpe al orden económico actual, cuyo destino desde la crisis de 2008 no está muy claro y navega por las aguas de la intrascendencia. Sorprende que la salida buscada sea un escenario típicamente populista, donde se gana una elección por golpe de efecto y una vez habiendo logrado el triunfo, no se sabe muy bien que hacer o se llega a la conclusión de que lo que se prometía no era tan bueno. De todos modos, los mercados, luego del impacto inicial, parecieron acomodarse a la nueva realidad y aceptar una situación que ahora presentará un particular interés cuando los británicos deban sentarse a negociar acuerdos comerciales con sus ex aliados. Mucho se ha escrito sobre las posibles alternativas, donde las principales referencias son los casos de Noruega o de Suiza, países que sin ser miembros de la UE tienen un contacto fluido y un bienestar económico indiscutible. En todo caso, esta no es la misma situación y aún hay que negociar cómo será la salida, según se exigió desde Bruselas.
Este contexto internacional claramente influyó en las elecciones de España, donde se vaticinaba un crecimiento de la agrupación chavista Podemos, y sin embargo perdió más de un millón de votos con respecto al 20 de diciembre último. ¿Efecto Brexit? Muy posible. Otra situación a observar con preocupación fue que un candidato neonazi estuvo cerca de ganar las elecciones en Austria (perdió el balotaje por medio punto). Volviendo a Latinoamérica, en Perú estuvo muy cerca de ganar las elecciones la hija de un ex presidente preso por corrupción. Y además hay que describir lo que llegaría a ocurrir si Donald Trump finalmente es electo presidente de los EE.UU. La conclusión a la que se llega es que aún no hay un patrón definido a seguir y que se da un impacto preocupante en cuanto se crea que la solución a un mal presente sea recrear el pasado.

El impacto en Argentina puede considerarse significativo. Probablemente esta situación haga que la Reserva Federal mantenga bajas las tasas de referencia, con lo cual al seguir siendo barato el dólar, siga habiendo capitales e inversiones que quieran buscar lugares seguros. A mi entender, el gobierno ha errado en el cálculo de los tiempos, creyendo que el boom de confianza iba a lograrse de un momento para el otro. Demasiados factores internos y externos, y algunos mensajes ambiguos han sido claves para que ese contexto de “lluvia de dólares” esté retrasado o no sea el que se esperaba. Así como el golpe que significó el Brexit puede morigerar muchas expectativas, también un triunfo de Donald Trump (lejano según las encuestas, de las que por los últimos vaticinios no hay que fiarse) se perfilaría como el fin de una era a nivel internacional. Será cuestión de esperar lo que nos depare el futuro.

lunes, 4 de julio de 2016

Nuevo billete de $500

A partir del 30 de junio comenzó a circular el nuevo billete de quinientos pesos. Más allá de los datos superficiales referidos a la estética del billete y al nuevo formato, cabe hacer un análisis económico sobre cuáles fueron las circunstancias que llevaron a la aparición de este billete que es ahora el de mayor denominación.
La primera explicación que se desprende, casi lógica, es que el billete de $100, el de mayor denominación, tenía, según lo establecido por la ley de Convertibilidad de 1991, el mismo valor que uno de U$S 100, y entre la devaluación de 2002 y la constante inflación que hubo especialmente desde 2006 hicieron añicos ese valor. Los proyectos para la realización de billetes de mayor denominación datan desde 2012, pero el gobierno anterior nunca se animó a implementarlos porque lo consideraban un reconocimiento a una inflación que, como ya es sabido, negaron sistemáticamente. La emisión descontrolada que se llevó adelante para financiar el creciente déficit fiscal condujo a una realidad insólita. Seis de cada diez billetes en circulación eran de la denominación más alta, y abonar con ellos en los kioscos empezó a ser moneda corriente. Basta con recordar épocas en las que ir a comprar con el billete de Roca representaba un gesto adusto para el comerciante, que difícilmente podía contar con cambio para dar el vuelto de ese billete. Hoy, el problema se da por la sobrepoblación de billetes de $100 en relación a los billetes de menor denominación. Si ya considerábamos de poco valor a las monedas que expresaban sus valores en centavos o un peso, vemos ahora cómo los billetes de $2 y $5 empiezan a escasear y a ser utilizados para la divulgación de mensajes inclusive. Otro inconveniente fundamental se da con los cajeros automáticos de los bancos, que no dan abasto y suelen vaciarse inmediatamente, siendo necesario realizar varias reposiciones al día.

Se abre un interesante debate sobre si la emisión de estos billetes puede generar una espiral inflacionaria. Conocido es el desenlace que se generó con el Austral de Alfonsín, cuyo billete de mayor denominación llegó a ser de quinientos mil. El gobierno intentó atacar esas expectativas inflacionarias antes de poner en circulación estos billetes, con lo cual quiso codificar el mensaje dado lanzándolo ahora que están dadas las condiciones para una baja en los niveles de inflación. Es probable que se generen ciertos oportunismos como los que generaron con la salida del cepo cambiario, pero, tomando en cuenta lo explicado en el párrafo anterior, considero que en líneas generales, se abaratarán costos en muchas etapas (Camiones de caudales, reposiciones de cajeros automáticos, etc.). Será clave poder seguir interviniendo sobre la base monetaria, no ampliarla, y a su vez que la emisión de los nuevos billetes tenga un debido respaldo para seguir controlando la inflación. Si se hace un manejo responsable de la política monetaria, podremos empezar a discutir la estética de los billetes y dirigirnos rumbo a un período de estabilización.

viernes, 1 de julio de 2016

Segundo semestre


Muchas líneas se han escrito sobre el tan mentado segundo semestre que arranca el día de hoy. Desde expresiones a favor y en contra, hasta algunas que rozan el ridículo y la sorna. Lo cierto es que se tenían que realizar correcciones urgentes sobre las distorsiones que venía padeciendo la economía. Todos coincidimos en que el esquema cambiario que planteó el gobierno anterior era inviable, y que no tenía ningún sustento a futuro, ya que era un esquema que per se ahuyentaba a inversores extranjeros, ya que podían ingresar los dólares, pero no retirar dividendos ni ganancias. Un gobierno que cambiaba constantemente las reglas a su antojo y señalaba a los mercados como enemigos públicos no eran condiciones propicias para que se invirtiera y se crearan nuevos puestos de trabajo, generando incluso que muchos de los que estaban en el país se fueran, generando también una caída del empleo con la que muchos que se rasgan las vestiduras ahora en ese momento hicieron silencio. Contra todos los pronósticos, la salida de ese esquema de restricciones cambiarias no fue traumática ni negativa. También fue un desafío a los pronósticos generalizados haber logrado acordar con los holdouts. Estos dos pasos son reconocidos como logros del gobierno actual, cuyos resultados probablemente empiecen a palparse en un mediano plazo. En el debe, están el insuficiente tratamiento del impuesto a las ganancias, el esquema desordenado de aumento de las tarifas, que al parecer no estuvo debidamente estudiado para implementarlo de un modo más correcto, y la política de tasas de interés para contener la inflación. Si bien Sturzenegger se movió de una forma similar a la que se movió Fábrega en 2014, se le pueden cuestionar los tiempos y el excesivo impacto que esta política tuvo sobre la actividad económica en general.
En mi opinión, este segundo semestre, a simple vista, no mostrará grandes variaciones con respecto al primero. La inflación bajará siguiendo la lógica de que las correcciones ya pasaron, pero habrá que contenerla para lograr simultáneamente la reactivación económica. El factor a atacar aquí será claramente el de las expectativas, y es en ese sentido donde deben interpretarse las constantes menciones al “segundo semestre” que hizo el Gobierno. Lo que estamos presenciando es la transición desde un modelo que priorizaba el consumo como principal motor de crecimiento hacia uno que quiere priorizar la inversión. La dificultad más importante es la costumbre constante que siempre se genera a priorizar el consumo, impulsado por los populismos como recetas donde una sucesión de cortos plazos desoyen las sirenas del largo plazo, como si fuera la invitación a una fiesta donde nadie te dice quién va a pagar. Bailamos y nos divertimos, hasta que llega la cuenta y los que organizaron la fiesta no están o ya viajaron con los réditos obtenidos. Históricamente, siempre priorizamos el “hoy” y para el mañana “ya se verá”. Pasamos de una economía de los “pagadioses” a una que pretende ser más previsible y confiable, factores que, como siempre sabemos, llevan mucho tiempo construir y poco tiempo destruir.

Este cambio de paradigma es el que estamos presenciando a nivel internacional. Ya no se piensa en las generaciones futuras ni en las inversiones futuras, se busca estar bien hoy. Veremos cómo transcurre este segundo semestre, en el que bajará la inflación, se empezarán a ver signos de recuperación para fin de año y se espera un 2017 donde asome la luz al final del túnel.

martes, 10 de mayo de 2016

Hacia dónde vamos

Hoy se cumplen 5 meses desde que Mauricio Macri asumió la presidencia de la Nación. Aunque a muchos les parezca que ya es mucho tiempo, considero que aún es un período muy prematuro para sacar conclusiones sobre las direcciones que tomará el gobierno que fue elegido por aproximadamente trece millones de habitantes el 22 de noviembre pasado. Es muy probable que la corrección de la pesada herencia exceda a este período constitucional. De todos modos, se ha logrado cerrar una negociación ardua con los holdouts, negociación exitosa tomando en cuenta que se negoció con una sentencia en contra sobre la mesa. Resultó polémica la quita de retenciones a las mineras: si bien se requería dar señales “market-friendly”, también considero de importancia la defensa de nuestro suelo y que se pague por su uso. También considero peligroso el método de evitar el desbande inflacionario vía LEBACs, situación que nos puede traer inconvenientes en el largo plazo. La salida del cepo cambiario terminó siendo un logro positivo, si bien se intentaron demonizar efectos que fueron menores a los de la devaluación kirchnerista de enero de 2014. Sobre esto me referiré en el próximo párrafo. Como conclusión en esta materia debo decir que probablemente estos pocos meses que quedan del primer semestre sean los últimos de “lo peor”, y que, si bien los guarismos del segundo no serán extraordinarios, se empezará a vislumbrar una leve mejoría. En algunos aspectos se hizo lo que se tenía que hacer, en otros, la situación heredada fue un pernicioso condicionante.

Hecha mi crítica en materia económica, y tomando en cuenta que esperaba más de este aspecto que del político, prosigo a resaltar el por qué de estas líneas. Las críticas que yo le pueda hacer al gobierno de Macri son las mismas a las que él se refirió el día de su asunción: señalarle sus errores en pos de un diálogo superador y conciliador, porque al país ideal lo construimos entre todos. Pretender que este gobierno arregle en pocos meses un problema estructural que viene desde hace setenta años es, cuanto menos, utópico. Y digo setenta años porque, claramente, el paradigma político que predomina en este país es el peronista. Juan Domingo Perón era un líder populista que se inspiró en Mussolini y en Hitler para crear un sistema en el que su partido fuera el único que pudiera gobernar con tranquilidad el país y, de ese modo, perpetuarse en el poder. Muchas estructuras nacionales simpatizan ideológicamente con esta doctrina, y erradicarla, o lograr que conviva con otras alternativas democráticas, es algo que sin duda excederá a este gobierno. Justamente, porque no debe importar que el presidente se llame Macri o se llame Kirchner. Construimos un modelo en el que asemejamos un presidente a un todopoderoso, a alguien que debía darnos el pescado y no la caña y enseñarnos a pescar.


Este esquema populista y totalitario es el que, con nuestro voto el 22 de noviembre, decidimos que debe cambiar. Al peronismo no se lo debe atacar por su ideología, sino por sus prácticas populistas y totalitarias. Debemos terminar con ese concepto de que no ser peronista es ser “gorila” o “antipueblo”, porque esa es una de las prácticas populistas que más devastó a nuestra sociedad. Es una mancha en nuestra historia que hace casi noventa años que un presidente no peronista no termina su mandato (El último fue Marcelo Torcuato de Alvear en 1928). Por eso, me parece perfecto que se le critique a Macri y se le señalen sus errores, pero no se debe entrar en el juego de un sector fanático nostálgico (cada vez menor) que pretende ver a Macri yéndose en helicóptero para de esa manera tomar el poder para siempre. Aprendamos, de una vez por todas.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Balance y perspectivas

En esta ocasión voy a realizar un análisis de lo que fueron estos 12 años que representaron la mayor etapa de años consecutivos gobernados por las mismas personas en el poder, en este caso el matrimonio Kirchner, compuesto por Néstor y Cristina. Sin duda, esta etapa, que prosiguió a lo que podría considerarse la caída del radicalismo a nivel nacional, nos deja como enseñanza el valor que tiene la alternancia en un sistema democrático. La permanencia prolongada en el poder de una misma persona, o de un mismo partido político, trae las nefastas consecuencias que pudimos observar a lo largo de este período. La creciente corrupción y autoritarismo se explican por una sensación de impunidad que ocurre en estos casos. La apropiación de conceptos como derechos humanos y justicia social, considerando que son los únicos que los garantizan y que su punto de vista es una verdad revelada, desacreditando cualquier aporte opositor, también son parte de esta experiencia negativa que esperemos dejar atrás. Claro está que populismo y república son conceptos antagónicos, y con esa dicotomía concurrimos a las urnas el 22 de noviembre. Para el populismo, las mayorías tienen derecho a todo y las minorías no tienen derecho a nada, y cualquier reclamo de las minorías, cualquier disidencia, es “golpismo”, es mandarlos a “armar un partido y ganar las elecciones”. Es una concepción totalitaria y anacrónica, como también lo es discutir sobre izquierdas y derechas. El populismo no distingue entre izquierdas y derechas. Menem fue populista de derecha, y los Kirchner, populistas de izquierda (al menos en el discurso), con lo cual, vincular a Mauricio Macri con la derecha menemista representa, al menos, un contrasentido, un deseo de construcción del rival como un enemigo. Macri no es populista, y tal vez sea este el concepto por el cual a muchos les cuesta clasificarlo, o lo ponen a la derecha, porque el populismo es la exacerbación exponencial de estas ideologías. Macri, como ya describió, plantea retomar las ideas desarrollistas de Arturo Frondizi. Después se verá cómo lo lleva a la práctica, y en base a eso, todas las contribuciones y críticas que se realicen de buena fe ayudarán a que esta idea pueda llevarse a cabo. Será responsabilidad de todos acompañar a este gobierno y defender una democracia que nos ha costado mucho conseguir.

Debemos tomar conciencia de que los caudillos que buscan perpetuidad no nos van a llevar a ningún lado, más bien todo lo contrario, caeremos en el precipicio que representa la institucionalización de la corrupción, del narcotráfico y de la delincuencia, que sirve para abastecer a ambos. El PJ debe rearmarse a partir de valores democráticos, dejando atrás las viejas disputas setentistas que utilizó este gobierno para sembrar odio, resentimiento y revanchismo. No esperemos que Mauricio Macri sea el salvador o un superhéroe. Será un presidente que trabaje, con aciertos y errores como todo el mundo, pero incluyendo a todos, no sólo a los de su partido. Mañana empezaremos a conocer la pesada herencia que recibe, y cuáles serán las herramientas que dispone para afrontarla. Debemos tomar conciencia de que la política debe dejar de ser un negocio para unos pocos para ser un servicio público que contribuya al bienestar de la sociedad. Empecemos a vivir, de una vez por todas, una verdadera democracia, que permita alternancias, el respeto por las instituciones y a la Constitución Nacional y a las Leyes, definitivamente, los máximos garantes de la libertad, de la justicia y de nuestros derechos.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Vientos de cambio

Buenos días. Ha llegado el momento de realizar un análisis de este proceso que terminó con la elección de Mauricio Macri como el próximo presidente de los argentinos en el período 2015-2019. Un camino arduo, en el que luego del resultado de 2011 y ese “vamos por todo” como grito de guerra, sentimos que la república y la democracia corrían peligro. Y así, uno a uno, esos objetivos se fueron diluyendo ante el clamor popular. Primero, cayó la reforma constitucional y el proyecto de una “Cristina eterna”. Luego, cayó el avance para silenciar a los medios críticos, con lo cual los opositores pudimos seguir expresándonos libremente, más allá de la persecución sufrida en las redes sociales. A continuación, el proyecto para colonizar la justicia, que luego del fallido intento de “democratización” ha dado pasos lentos pero seguros. Y finalmente, con las elecciones de ayer, se dio el paso definitivo hacia un cambio en los valores como Nación.

Es cierto que, para muchos, Mauricio Macri no era su candidato predilecto ni mucho menos, y muy probablemente la exigua diferencia en el resultado haya expresado cierta reticencia, un miedo al cambio que aún persiste. Habrá mucho trabajo por hacer en materia económica y política, pero tenemos la tranquilidad de que los postulados del próximo gobierno no serán tomados como una verdad absoluta ni será tildado de enemigo quien se oponga a ellos, lo cual ya podemos considerarlo un avance. Un país se construye desde el diálogo y la crítica constructiva, y en este tiempo nos acostumbramos a la desunión de las agresiones y las chicanas. Ese es el cambio, ni más ni menos. Todos participaremos del país que queremos, sin fanatismos ni sectarismos que no conducen a ningún lado. Es muy probable que el resultado de anoche haya reflejado esa necesidad de no otorgarle más cheques en blanco a nadie, de que se demanda la búsqueda de un consenso y la unión de todos, que pongamos en juego las diferencias que podamos tener sobre la mesa y en base a un debate sano y constructivo, elegir cual es nuestro futuro. Eso es la democracia, y eso es el cambio. Aprender a escucharnos, a evaluar las propuestas, y a no atacarnos. Pensar distinto es más común de lo que creemos, porque hay tantos pensamientos como personas hay en el mundo. Una vieja frase dice que “cuando dos personas piensan de la misma manera con respecto a algo, en realidad es una persona que piensa por las dos”. Tomemos en cuenta esto, y dialoguemos, escuchemos y hablemos con claridad.


Este gobierno tiene muchas propuestas que me gustaría que, quienes ayer se inclinaron por Daniel Scioli lean, opinen, sugieran, y se involucren. Todos soñamos con un país mejor, y con que no haya hambre, y hay muchas formas de hacerlo. La situación económica, como todos sabemos, es muy delicada, y no es normal una inflación de dos dígitos en una economía estancada, ni un mercado cambiario restringido, ni un BCRA técnicamente quebrado y sin reservas, como así tampoco es normal que un asalariado pague impuesto a las ganancias ni se tenga una presión tributaria récord. Será difícil salir de todas estas situaciones, y más en un país en el que estamos acostumbrados a las medidas cortoplacistas típicas de los populismos que saben endulzar los oídos pero que en la práctica terminan siendo perniciosos. Respaldemos nuestra elección de un cambio, y acompañemos. Vendrán tiempos mejores.

martes, 28 de julio de 2015

Principio del fin

Una de las preguntas que surgen con mayor frecuencia en este momento es si ya asistimos al final del famoso “viento de cola” que significó para la región el boom de los commodities, con precios muy altos y que han tocado records históricos en el transcurso de estos últimos años. Debemos destacar que gran parte de esos ascensos de precios se debió a una política monetaria expansiva de la FED. Estos precios de los commodities o materias primas se contraponían al bajo precio que tenía el dólar, mediante tasas de interés que fueron récord por lo bajas que eran, yendo en el orden del 0 al 0,25%. Este fenómeno, como ya todos en economía sabemos, no será eterno. Estas tasas de interés respondieron en su momento a lo que fue la crisis de las hipotecas sub-prime en 2008, lo que sin duda constituyó un golpe certero al neoliberalismo tal como lo conocemos hoy. Las autoridades de la Reserva Federal, Ben Bernanke primero y Yanet Yellen en la actualidad, las mantuvieron en estos niveles en pos de la recuperación económica del país, llegando al objetivo de reducir la tasa de desempleo por debajo del 6%, es decir, alcanzando el nivel de pleno empleo. Los últimos informes ya arrojarían el objetivo cumplido, luego de un retraso no menor. Es problable que, entre fines de este año y enero de 2016, se anuncie una suba de las tasas para revalorizar al dólar y estabilizarlo. La apreciación de la moneda traería como consecuencia que las inversiones se queden en EE.UU. en lugar de buscar otros horizontes donde ganen más. Por otra parte, traería aparejado una mayor devaluación en los países de la región, situación que ya se está observando en Brasil, donde el real tocó su mínimo valor en 12 años.
Probablemente, el cimbronazo económico y político que atraviesa Brasil sea la clave para entender si se está ante el inicio del fin del ciclo populista en la región, que tuvo su bautismo de fuego en el Foro de San Pablo en 2005. Sin duda, este foro es al estatismo de los 2000 lo que fue el Consenso de Washington al neoliberalismo de los ’90. De este foro emergieron Luis Inácio Lula da Silva, Hugo Chávez y Néstor Kirchner como los principales referentes. Daniel Ortega, Rafael Correa y Evo Morales completaron luego la nómina. Más allá de la ideología que defendieron, quedó en evidencia que se trató de un esquema populista de poder que aprovechó y utilizó a los desamparados de los ’90 en beneficio propio, buscando perpetuar un esquema corrupto y perverso. No defiendo en absoluto las ideas neoliberales, dado que éstas fueron las que terminaron sembrando el terreno de un revanchismo que, con el tiempo, se demostrará lo nefasto que fue, no sólo por no mejorar las condiciones de la población si no por mantenerla o incluso empeorarla. Quedará demostrado que, tanto el neoliberalismo de los ’90 como este neoestatismo de los 2000 son las dos caras de una misma moneda, ya que en ambos se hizo presente el componente populista y maquiavélico que pretendió perpetuidad, creyendo que las condiciones que los favorecían iban a permanecer para siempre. Nada de eso ocurrió.

Si bien este ciclo está alcanzando su fin, debemos entender que este fin no será inmediato, ni previsible en el tiempo. Es muy probable que sea un cúmulo de sucesos el que lo vaya precipitando. Dentro de ellos, los procesos electorales son sólo uno. La reacción debe ser conjunta, y el resultado debe ser una participación más activa de la ciudadanía, que se haga oír y que exprese su deseo de que ningún líder con tintes mesiánicos pueda volver a arrogarse la capacidad de decidir por un pueblo que lo eligió como administrador del Estado, no como dueño. El futuro está en nuestras manos.

lunes, 27 de julio de 2015

Lo que viene...

Ya faltan menos de dos semanas para que celebren las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (P.A.S.O.). Son elecciones que tienen el condimento en particular de que, por primera vez en 12 años, asumirá la presidencia alguien que no lleve el apellido Kirchner. En este contexto, la incertidumbre reinante es mucha. Hasta la irrupción de Carlos Zannini como compañero de fórmula de Daniel Scioli, los mercados daban por descontada la posibilidad de un cambio y el debate se centraba en si dicho cambio debía ser inmediato o gradual. Luego de que se conociera que el actual secretario Legal y Técnico de la Presidencia sería el candidato a vicepresidente, la posibilidad de la continuidad del esquema de poder actual aterra a todo el entorno político, social y económico. Ese nombramiento, más las candidaturas legislativas de muchos miembros de La Cámpora, demostraron que el Gobierno actual no está dispuesto a entregar el poder. Queda por analizar cuál será el comportamiento del PJ, siempre afecto a acompañar al ganador. ¿Le soltarán la mano a CFK como se la soltaron a Menem?, ¿Seguirán respetando este esquema de poder pensando en su regreso en 2019? Los antecedentes inclinarían la balanza a favor de la respuesta afirmativa a la primera pregunta, pero en un país en el cual hablar de un largo plazo puede ser el mes que viene, es precipitado aventurarse.
Lo cierto es que quien asuma la presidencia el 10 de diciembre deberá enfrentar no pocos desequilibrios económicos graves que dejan 12 años de kirchnerismo. El escenario estanflacionario es el más alarmante, con una economía que lleva unos cuantos años estancada e índices de inflación que están entre los más altos del mundo. La caída del nivel de reservas (sólo U$S 20 mil de los 34 mil millones son reales) y la situación desesperante en la que se encuentran las economías regionales complementan el combo de situaciones que requerirán de una política económica que empiece por restaurar la confianza y mostrar credibilidad y sensatez, sin la improvisación y el excesivo cortoplacismo típico de todo gobierno populista. Llevará tiempo modificar una estructura que, si bien tiene aristas rescatables, ha sido diseñada para mantener votos cautivos. El cambio que debemos realizar es el de dejar de pensar en las próximas elecciones para pensar en las próximas generaciones. El pensar en qué país queremos para nuestros hijos y nuestros nietos. A esta situación se llegó por desidia y por falta de compromiso. El ventajismo y el oportunismo siempre nos caracterizaron, y muestran hoy el mayor síntoma de lo enferma que está nuestra sociedad. La famosa grieta que separó a familiares y a amigos y que enfrenta a unos argentinos con otros no son sólo culpa de este Gobierno. Somos un país que siempre estuvo marcado por antinomias, por enfrentamientos, y eso es lo que los Kirchner explotaron al máximo para construir su esquema de poder.
Por último, recordemos que las grandes crisis y catástrofes no se predicen en el momento exacto en el que ocurren. Ya una economía en la que hay más restricciones para la compra de dólares que para la compra de droga es una pésima señal. Que nos acostumbremos al 30% de inflación anual y a la manipulación estadística, es igual de grave. La palabra ajuste asusta, pero lamentablemente, en algunas ocasiones para avanzar dos pasos debemos retroceder uno. Es muy precipitado decir que se viene otro 2001. La realidad está lejos de ese escenario, sobre todo analizando que aquélla fue una crisis del sistema financiero. La diferencia es que la crisis ahora no es sólo económica. Es política y social también. El primer paso para avanzar es desterrar el “todo vale” que parece haberse instalado. Debemos tener reglas de juego claras y respetarlas. Y eso, aunque nos cueste aceptarlo, llevará tiempo.

miércoles, 11 de junio de 2014

Panorama a futuro

Nos encontramos en la antesala de una decisión que genera mucha expectativa en inversores y agentes especulativos: A partir de mañana, la Corte Suprema de EE.UU. resolverá si toma o no el caso argentino, por la deuda con holdouts que no entraron en los canjes previos de 2005 y 2010. El monto asciende a U$S 1.330 millones, pero se estima que una negativa de la Corte y un fallo que condene a nuestro país a cancelar dicho monto sentarían un precedente por el cual pueden aparecer nuevos litigantes, ascendiendo el monto a más de U$S 7.000 millones.
Muy probablemente la respuesta del Gobierno, que ve como se hace añicos su relato sobre el endeudamiento, sea que se trata de “fondos buitre”, que por su intransigencia y su perseverante negativa no han ingresado a los canjes anteriores, en los cuales algunos acreedores aceptaron quitas de hasta el 75% de la deuda con tal de cobrar una suma aunque sea pequeña. El motivo de vanagloria, en este caso, no es como el relato pretende hacer creer. Se ha negociado la deuda pública, pero el acuerdo con el Club de París y este juicio con los holdouts, con el simbólico embargo a la Fragata Libertad como estandarte, muestran claramente la página que el gobierno, demagógicamente, decidió omitir.
Otro tema que se torna interesante es el récord que está experimentando el índice Merval, que superó la barrera de los 8.000 puntos y muestra un nivel de confianza y de refugio en el Mercado de Capitales nunca antes vista. A muchos quizás les sorprenda ver el repunte de Edenor, que con sus subas está liderando el alza sostenida a la que hacemos mención. Esto es consecuencia de las expectativas que genera un sinceramiento de las tarifas eléctricas que parece inminente, dado el déficit energético que es el que se lleva gran parte de los dólares que entran al país. YPF apunta a la misma dirección, apuntalado además por el ya muchas veces nombrado yacimiento de Vaca Muerta. No obstante, esta variación podría ser mayor si se mostrara una mayor transparencia en su administración. Otro tema a considerar para explicar la suba es el aumento en las tasas de interés, que ha generado el particular atractivo en la plaza y ha hecho volcarse a una mayor afluencia de empresarios a la inversión en acciones.

Con respecto a la política cambiaria que se llevará adelante, es evidente el regreso de las minidevaluaciones ante los efectos de una inflación que, si bien se está desacelerando como consecuencia de la caída en la actividad económica, sigue siendo alta. El peligro de la estanflación sigue acechando y sin duda es el peor escenario posible. El acuerdo con el Club de París venía con la expectativa de una caída del dólar paralelo, pero este no sólo ha cedido como se esperaba, sino que retrocedió un paso para avanzar dos. La proximidad del receso invernal sumado a la finalización de la época de cosecha siembran un panorama sombrío al respecto, en el cual el regreso de las expectativas de una devaluación puede marcar el rumbo de una economía que muestra signos de desplome en cada vez más áreas. Vuelve a ser noticia el paulatino cierre de comercios y las suspensiones y despidos, que comenzaron con el sector automotriz, se empezaron a extender a otros sectores como el metalúrgico o el textil. De ahí la desesperación del equipo encabezado por Axel Kicillof para regular las tasas de interés, llevándolas a una baja sostenida. Sea cual sea el camino que se elija, el destino está sellado. La crisis es una realidad, y salir de ella requiere que soplen nuevos aires.

miércoles, 4 de junio de 2014

Club de París, ¿un éxito?

En esta ocasión, analizaremos las implicancias que generó el acuerdo recientemente firmado con el Club de París, por el cual se abonarán U$S 9.700 millones en los próximos cinco años, abonando como primera cuota a mayo de 2015 U$S 1.150 millones (500 corresponden a aquel mes, 650 se pagarán en setiembre próximo). En principio, celebramos el compromiso de pago asumido, y la voluntad de haber llegado a un acuerdo, lo cual siempre constituye un principio de reconciliación y reinserción a los mercados internacionales. Lo alarmante de esto es el momento en el que se firma (gran parte de la deuda será afrontada por el próximo gobierno), y la cantidad de intereses punitorios que se abonan por evitar la intervención del FMI, y justamente, el plazo en el que no se pagó. Esta deuda era de U$S 2.000 millones en 2002, y se ha anunciado, sin éxito, su cancelación en 2008 y 2011. En diciembre pasado se anunció que el monto total de la deuda ascendía a unos U$S 6.300 millones. La diferencia con el monto acordado ahora la hacen los intereses mencionados anteriormente.
En este momento cabe plantearse si este arreglo será realmente beneficioso y si permitirá atraer inversiones extranjeras, un punto en el cual hay consenso generalizado en el sentido de que se va camino a recuperar la confianza perdida y finalmente se recuperará gran parte del tiempo perdido. Muy probablemente, con una administración en retirada, el objetivo sea obtener algún empréstito para ganar tiempo pensando en las elecciones presidenciales de 2015. A este acuerdo le deben seguir otras medidas tendientes a recuperar la confianza y a seguir alimentando las expectativas de recuperación. Desde ya, las restricciones cambiarias, a las importaciones y al giro de utilidades no son de buen augurio si se quieren seguir dando señales positivas. Borrar todo de un plumazo provocaría una catástrofe sin precedentes. Es como cuando un fumador promete dejar de fumar, pero siempre en el fondo se termina esperando la reincidencia, la cual suele venir con más virulencia que en  la etapa anterior. Habrá que dar señales graduales, como las que se han venido dando con los levantamientos parciales, aunque se está claramente a mitad de camino en el asunto. El BCRA “pisando las importaciones” ante la escalada del dólar paralelo refleja en gran parte la conducta que estamos describiendo.
Las expectativas más importantes pasan porque, además, se siguen acentuando las suspensiones y despidos, que cada vez abarcan a una mayor cantidad de sectores además del automotor. Un escenario con inflación alta y estancamiento de la actividad económica, advertido desde 2012, está empezando a hacerse presente. Luego de confirmar quién ganó la pulseada por el rumbo de la economía, lo que debemos esperar ahora es que se “choque la calesita”. El segundo semestre vendrá marcado porque ya no habrán agrodólares y porque el desorden monetario seguirá haciéndose cargo del desorden fiscal, con lo cual los niveles de emisión volverán a apuntalar una inflación que se torna descontrolada. Asimismo, habrá un daño colateral del acuerdo con el Club de París: los montos a abonar incidirán directamente en las reservas.

Finalmente, en los próximos días se anunciará si la Corte de EE.UU. decide tomar el caso de nuestra deuda con los acreedores que no entraron a los canjes de 2005 y 2010, más conocidos como “fondos buitres”. Este resultado puede echar por tierra toda la algarabía generada por el acuerdo logrado con el Club de París.

martes, 27 de mayo de 2014

Sobre el tipo de cambio

En esta ocasión, hablaré sobre la estabilidad cambiaria, tema en boga en esta semana por la disparada que sufrió el dólar paralelo, llegando a superar los $12 y volviendo a instalar esta variable como termómetro del mercado ante la incertidumbre del futuro. Ciertamente, creíamos que con el ingreso fuerte de dólares de la cosecha de soja, la tranquilidad cambiaria podría mantenerse hasta mediados de julio o principios de agosto. Pero nuevamente, y probablemente en el momento menos indicado, surgieron conflictos sobre una dicotomía que es difícil de resolver para cualquier gobierno, pero si hablamos de uno que está en retirada y pretende llegar al final de su mandato sin mayores sobresaltos, termina convirtiéndose en una pregunta sin respuesta.
Ciertamente, la tranquilidad cambiaria fue aportada, como dijimos anteriormente, por la devaluación del tipo de cambio efectuada a fines de enero, sumado a otras medidas como el aumento de las tasas de interés para depósitos en pesos y la regulación de la posición en moneda extranjera de bancos y entidades financieras. Estas medidas consiguieron que el dólar paralelo (ilegal, pero es el dólar al que tiene acceso el público) se desplomara y pasara a valer de $13 a superar apenas los $10, como consecuencia de un desaliento a la demanda de la divisa. El efecto negativo es pernicioso para cualquier gobierno populista, y en particular para uno que sostenía orgulloso estas banderas: cayeron, además de la cotización del paralelo, el consumo y el empleo. Uno de los sectores que encabezaron el crecimiento, como el automotriz, sufrieron caídas de hasta 40% en las ventas, iniciando una feroz ola de suspensiones y despidos.
Como consecuencia de ello, está claro que se quiere evitar pagar el costo político que implicaría una recesión, que considerando que además la inflación sigue alta, podría llevar a un terreno estanflacionario, el peor que puede atravesar una economía, en la que se produce poco y se consume cada vez menos. Esta incertidumbre es la que aceleró los tiempos y volvió a instalar un escenario de inestabilidad, que podría agudizarse el segundo trimestre. Todo conduce a que se impuso la postura del ministro        Axel Kicillof, con lo cual el desorden fiscal se seguirá financiando con desorden monetario, generando desequilibrios macroeconómicos profundos y que, más temprano que tarde, llevarán a realizar ajustes salvajes como los que ya vimos que se aplicaron sobre los subsidios al gas y al agua. El paro de colectivos que se realizará mañana meterá presión sobre el todavía alto subsidio que reciben las empresas de transporte para abaratar costos, y empieza a hacer notar los efectos de varios años consecutivos con niveles de inflación superiores al 20%, siendo estos últimos años de caída de salarios en términos reales.

Como conclusión, la estimación lleva a que, a fin de año, el dólar oficial girará en torno a los $10, considerando el regreso a las minidevaluaciones y el empuje inflacionario, además de la ya probada insuficiencia de los sojadólares, cuyo alivio es cada vez menor, generando más desesperación en el Gobierno. A raíz de ello, y manteniendo la brecha actual, el paralelo debería rondar los $14, pero para ello debería darse un contexto en el que, por ejemplo, la ANSES no intervenga sobre el contado con liquidación a través de la venta de bonos dolarizados, o se mantengan relativamente altas las tasas de interés, algo que a todas luces parece improbable. Estamos ante una incertidumbre propia de un fin de ciclo, que puede traer serias consecuencias a futuro.