miércoles, 6 de julio de 2016

Sobre el incremento tarifario

Este es sin duda un tema que suscita mucho interés y por el que el gobierno de Mauricio Macri ha recibido la mayor cantidad de críticas por cómo se instrumentó. Sin la intención de culpar de todo al gobierno anterior, hay que tomar en cuenta cuál era el punto de partida y cuál fue el motivo que llevó a sincerar el cuadro tarifario de los principales servicios. El esquema de subsidios ya estaba desgastado y no daba para más, lectura que incluso hizo el gobierno de Cristina Kirchner tras su triunfo en 2011, lo que en su momento se conoció como “sintonía fina”, donde fue instrumentado un programa por el cual se renunciaba voluntariamente al subsidio de las facturas de luz y de gas. El accidente ferroviario del 22 de febrero de 2012 en la Estación Once, donde se produjeron 52 muertos y centenares de heridos, frenó abruptamente esa iniciativa. Víctimas de este esquema fueron el autoabastecimiento en estos recursos, se tuvo que volver a importar energía y gas a países vecinos y la desinversión generada en la última década fue alarmante, al punto de registrarse reiterados cortes de luz en el verano. Nótese que el atraso tarifario era más marcado en Capital Federal y Gran Buenos Aires, donde las tarifas que llegaban a los usuarios eran irrisorias comparadas con las que ya se pagaban en el interior del país. Esta situación sin duda tuvo un marcado fin electoralista, ya que el subsidio se concentró en Capital Federal y Gran Buenos Aires, donde vive gran parte de la población del país.
Si bien es cierto que esta situación fue generada en gran parte por un gobierno que en su momento priorizó crear burbujas de consumo y desatender irresponsablemente las implicancias que esto tendría a largo plazo, tal vez con la maliciosa intención de que “la factura la pague otro”, hay que analizar la salida que se eligió para ese laberinto. Personalmente, coincido con el análisis generalizado, el cual considera que se hizo de una forma desordenada. Se podría haber hecho de una manera similar a la negociación de una paritaria, por ejemplo, con aumentos escalonados en un lapso de tiempo determinado, por ejemplo 6 meses. Probablemente esto hubiera demorado el objetivo de la reducción del déficit fiscal, pero a la luz de las medidas ulteriormente adaptadas, al menos es algo que debería haberse evaluado. Con todo, parecen apreciarse las primeras rispideces en un equipo económico en el que, si bien Alfonso Prat-Gay asoma como cabeza visible, hay demasiadas opiniones diferentes que se terminan anulando mutuamente.
Dicho esto, también hay que alertar de los oportunistas de siempre que quisieron sacar ventaja de esta medida impopular pero necesaria, imprimiendo algunas facturas con montos exorbitantes para causar miedo y desasosiego en una sociedad golpeada por las políticas económicas erráticas no sólo del gobierno anterior, sino del cambio del rumbo constante que impide la consolidación de políticas de Estado y de una identidad que debe trascender discusiones ideológicas ya superadas en gran parte del mundo. Empezaremos a crecer el día que superemos las antinomias que siempre nos caracterizaron y dejemos de ver a quien piensa distinto a nosotros como nuestro enemigo, como alguien a quien hay que eliminar. No depende de Kirchner o de Macri, depende de todos nosotros.

martes, 5 de julio de 2016

Contexto internacional

Surgen conclusiones muy interesantes a la hora de analizar lo acontecido a nivel internacional en las últimas semanas. Basta con repasar lo sucedido en el referéndum de Gran Bretaña (“Brexit”) donde, inesperadamente, el Reino Unido decidió su salida de la Unión Europea, por un 52 a 48 en puntos porcentuales. Fueron los “boomers” (aquellos que nacieron en los ’50 y ’60, post-Segunda Guerra Mundial) los que terminaron de inclinar la balanza en una elección muy reñida. El impacto del mensaje fue muy grande porque significó un golpe al orden económico actual, cuyo destino desde la crisis de 2008 no está muy claro y navega por las aguas de la intrascendencia. Sorprende que la salida buscada sea un escenario típicamente populista, donde se gana una elección por golpe de efecto y una vez habiendo logrado el triunfo, no se sabe muy bien que hacer o se llega a la conclusión de que lo que se prometía no era tan bueno. De todos modos, los mercados, luego del impacto inicial, parecieron acomodarse a la nueva realidad y aceptar una situación que ahora presentará un particular interés cuando los británicos deban sentarse a negociar acuerdos comerciales con sus ex aliados. Mucho se ha escrito sobre las posibles alternativas, donde las principales referencias son los casos de Noruega o de Suiza, países que sin ser miembros de la UE tienen un contacto fluido y un bienestar económico indiscutible. En todo caso, esta no es la misma situación y aún hay que negociar cómo será la salida, según se exigió desde Bruselas.
Este contexto internacional claramente influyó en las elecciones de España, donde se vaticinaba un crecimiento de la agrupación chavista Podemos, y sin embargo perdió más de un millón de votos con respecto al 20 de diciembre último. ¿Efecto Brexit? Muy posible. Otra situación a observar con preocupación fue que un candidato neonazi estuvo cerca de ganar las elecciones en Austria (perdió el balotaje por medio punto). Volviendo a Latinoamérica, en Perú estuvo muy cerca de ganar las elecciones la hija de un ex presidente preso por corrupción. Y además hay que describir lo que llegaría a ocurrir si Donald Trump finalmente es electo presidente de los EE.UU. La conclusión a la que se llega es que aún no hay un patrón definido a seguir y que se da un impacto preocupante en cuanto se crea que la solución a un mal presente sea recrear el pasado.

El impacto en Argentina puede considerarse significativo. Probablemente esta situación haga que la Reserva Federal mantenga bajas las tasas de referencia, con lo cual al seguir siendo barato el dólar, siga habiendo capitales e inversiones que quieran buscar lugares seguros. A mi entender, el gobierno ha errado en el cálculo de los tiempos, creyendo que el boom de confianza iba a lograrse de un momento para el otro. Demasiados factores internos y externos, y algunos mensajes ambiguos han sido claves para que ese contexto de “lluvia de dólares” esté retrasado o no sea el que se esperaba. Así como el golpe que significó el Brexit puede morigerar muchas expectativas, también un triunfo de Donald Trump (lejano según las encuestas, de las que por los últimos vaticinios no hay que fiarse) se perfilaría como el fin de una era a nivel internacional. Será cuestión de esperar lo que nos depare el futuro.

lunes, 4 de julio de 2016

Nuevo billete de $500

A partir del 30 de junio comenzó a circular el nuevo billete de quinientos pesos. Más allá de los datos superficiales referidos a la estética del billete y al nuevo formato, cabe hacer un análisis económico sobre cuáles fueron las circunstancias que llevaron a la aparición de este billete que es ahora el de mayor denominación.
La primera explicación que se desprende, casi lógica, es que el billete de $100, el de mayor denominación, tenía, según lo establecido por la ley de Convertibilidad de 1991, el mismo valor que uno de U$S 100, y entre la devaluación de 2002 y la constante inflación que hubo especialmente desde 2006 hicieron añicos ese valor. Los proyectos para la realización de billetes de mayor denominación datan desde 2012, pero el gobierno anterior nunca se animó a implementarlos porque lo consideraban un reconocimiento a una inflación que, como ya es sabido, negaron sistemáticamente. La emisión descontrolada que se llevó adelante para financiar el creciente déficit fiscal condujo a una realidad insólita. Seis de cada diez billetes en circulación eran de la denominación más alta, y abonar con ellos en los kioscos empezó a ser moneda corriente. Basta con recordar épocas en las que ir a comprar con el billete de Roca representaba un gesto adusto para el comerciante, que difícilmente podía contar con cambio para dar el vuelto de ese billete. Hoy, el problema se da por la sobrepoblación de billetes de $100 en relación a los billetes de menor denominación. Si ya considerábamos de poco valor a las monedas que expresaban sus valores en centavos o un peso, vemos ahora cómo los billetes de $2 y $5 empiezan a escasear y a ser utilizados para la divulgación de mensajes inclusive. Otro inconveniente fundamental se da con los cajeros automáticos de los bancos, que no dan abasto y suelen vaciarse inmediatamente, siendo necesario realizar varias reposiciones al día.

Se abre un interesante debate sobre si la emisión de estos billetes puede generar una espiral inflacionaria. Conocido es el desenlace que se generó con el Austral de Alfonsín, cuyo billete de mayor denominación llegó a ser de quinientos mil. El gobierno intentó atacar esas expectativas inflacionarias antes de poner en circulación estos billetes, con lo cual quiso codificar el mensaje dado lanzándolo ahora que están dadas las condiciones para una baja en los niveles de inflación. Es probable que se generen ciertos oportunismos como los que generaron con la salida del cepo cambiario, pero, tomando en cuenta lo explicado en el párrafo anterior, considero que en líneas generales, se abaratarán costos en muchas etapas (Camiones de caudales, reposiciones de cajeros automáticos, etc.). Será clave poder seguir interviniendo sobre la base monetaria, no ampliarla, y a su vez que la emisión de los nuevos billetes tenga un debido respaldo para seguir controlando la inflación. Si se hace un manejo responsable de la política monetaria, podremos empezar a discutir la estética de los billetes y dirigirnos rumbo a un período de estabilización.

viernes, 1 de julio de 2016

Segundo semestre


Muchas líneas se han escrito sobre el tan mentado segundo semestre que arranca el día de hoy. Desde expresiones a favor y en contra, hasta algunas que rozan el ridículo y la sorna. Lo cierto es que se tenían que realizar correcciones urgentes sobre las distorsiones que venía padeciendo la economía. Todos coincidimos en que el esquema cambiario que planteó el gobierno anterior era inviable, y que no tenía ningún sustento a futuro, ya que era un esquema que per se ahuyentaba a inversores extranjeros, ya que podían ingresar los dólares, pero no retirar dividendos ni ganancias. Un gobierno que cambiaba constantemente las reglas a su antojo y señalaba a los mercados como enemigos públicos no eran condiciones propicias para que se invirtiera y se crearan nuevos puestos de trabajo, generando incluso que muchos de los que estaban en el país se fueran, generando también una caída del empleo con la que muchos que se rasgan las vestiduras ahora en ese momento hicieron silencio. Contra todos los pronósticos, la salida de ese esquema de restricciones cambiarias no fue traumática ni negativa. También fue un desafío a los pronósticos generalizados haber logrado acordar con los holdouts. Estos dos pasos son reconocidos como logros del gobierno actual, cuyos resultados probablemente empiecen a palparse en un mediano plazo. En el debe, están el insuficiente tratamiento del impuesto a las ganancias, el esquema desordenado de aumento de las tarifas, que al parecer no estuvo debidamente estudiado para implementarlo de un modo más correcto, y la política de tasas de interés para contener la inflación. Si bien Sturzenegger se movió de una forma similar a la que se movió Fábrega en 2014, se le pueden cuestionar los tiempos y el excesivo impacto que esta política tuvo sobre la actividad económica en general.
En mi opinión, este segundo semestre, a simple vista, no mostrará grandes variaciones con respecto al primero. La inflación bajará siguiendo la lógica de que las correcciones ya pasaron, pero habrá que contenerla para lograr simultáneamente la reactivación económica. El factor a atacar aquí será claramente el de las expectativas, y es en ese sentido donde deben interpretarse las constantes menciones al “segundo semestre” que hizo el Gobierno. Lo que estamos presenciando es la transición desde un modelo que priorizaba el consumo como principal motor de crecimiento hacia uno que quiere priorizar la inversión. La dificultad más importante es la costumbre constante que siempre se genera a priorizar el consumo, impulsado por los populismos como recetas donde una sucesión de cortos plazos desoyen las sirenas del largo plazo, como si fuera la invitación a una fiesta donde nadie te dice quién va a pagar. Bailamos y nos divertimos, hasta que llega la cuenta y los que organizaron la fiesta no están o ya viajaron con los réditos obtenidos. Históricamente, siempre priorizamos el “hoy” y para el mañana “ya se verá”. Pasamos de una economía de los “pagadioses” a una que pretende ser más previsible y confiable, factores que, como siempre sabemos, llevan mucho tiempo construir y poco tiempo destruir.

Este cambio de paradigma es el que estamos presenciando a nivel internacional. Ya no se piensa en las generaciones futuras ni en las inversiones futuras, se busca estar bien hoy. Veremos cómo transcurre este segundo semestre, en el que bajará la inflación, se empezarán a ver signos de recuperación para fin de año y se espera un 2017 donde asome la luz al final del túnel.

martes, 10 de mayo de 2016

Hacia dónde vamos

Hoy se cumplen 5 meses desde que Mauricio Macri asumió la presidencia de la Nación. Aunque a muchos les parezca que ya es mucho tiempo, considero que aún es un período muy prematuro para sacar conclusiones sobre las direcciones que tomará el gobierno que fue elegido por aproximadamente trece millones de habitantes el 22 de noviembre pasado. Es muy probable que la corrección de la pesada herencia exceda a este período constitucional. De todos modos, se ha logrado cerrar una negociación ardua con los holdouts, negociación exitosa tomando en cuenta que se negoció con una sentencia en contra sobre la mesa. Resultó polémica la quita de retenciones a las mineras: si bien se requería dar señales “market-friendly”, también considero de importancia la defensa de nuestro suelo y que se pague por su uso. También considero peligroso el método de evitar el desbande inflacionario vía LEBACs, situación que nos puede traer inconvenientes en el largo plazo. La salida del cepo cambiario terminó siendo un logro positivo, si bien se intentaron demonizar efectos que fueron menores a los de la devaluación kirchnerista de enero de 2014. Sobre esto me referiré en el próximo párrafo. Como conclusión en esta materia debo decir que probablemente estos pocos meses que quedan del primer semestre sean los últimos de “lo peor”, y que, si bien los guarismos del segundo no serán extraordinarios, se empezará a vislumbrar una leve mejoría. En algunos aspectos se hizo lo que se tenía que hacer, en otros, la situación heredada fue un pernicioso condicionante.

Hecha mi crítica en materia económica, y tomando en cuenta que esperaba más de este aspecto que del político, prosigo a resaltar el por qué de estas líneas. Las críticas que yo le pueda hacer al gobierno de Macri son las mismas a las que él se refirió el día de su asunción: señalarle sus errores en pos de un diálogo superador y conciliador, porque al país ideal lo construimos entre todos. Pretender que este gobierno arregle en pocos meses un problema estructural que viene desde hace setenta años es, cuanto menos, utópico. Y digo setenta años porque, claramente, el paradigma político que predomina en este país es el peronista. Juan Domingo Perón era un líder populista que se inspiró en Mussolini y en Hitler para crear un sistema en el que su partido fuera el único que pudiera gobernar con tranquilidad el país y, de ese modo, perpetuarse en el poder. Muchas estructuras nacionales simpatizan ideológicamente con esta doctrina, y erradicarla, o lograr que conviva con otras alternativas democráticas, es algo que sin duda excederá a este gobierno. Justamente, porque no debe importar que el presidente se llame Macri o se llame Kirchner. Construimos un modelo en el que asemejamos un presidente a un todopoderoso, a alguien que debía darnos el pescado y no la caña y enseñarnos a pescar.


Este esquema populista y totalitario es el que, con nuestro voto el 22 de noviembre, decidimos que debe cambiar. Al peronismo no se lo debe atacar por su ideología, sino por sus prácticas populistas y totalitarias. Debemos terminar con ese concepto de que no ser peronista es ser “gorila” o “antipueblo”, porque esa es una de las prácticas populistas que más devastó a nuestra sociedad. Es una mancha en nuestra historia que hace casi noventa años que un presidente no peronista no termina su mandato (El último fue Marcelo Torcuato de Alvear en 1928). Por eso, me parece perfecto que se le critique a Macri y se le señalen sus errores, pero no se debe entrar en el juego de un sector fanático nostálgico (cada vez menor) que pretende ver a Macri yéndose en helicóptero para de esa manera tomar el poder para siempre. Aprendamos, de una vez por todas.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Balance y perspectivas

En esta ocasión voy a realizar un análisis de lo que fueron estos 12 años que representaron la mayor etapa de años consecutivos gobernados por las mismas personas en el poder, en este caso el matrimonio Kirchner, compuesto por Néstor y Cristina. Sin duda, esta etapa, que prosiguió a lo que podría considerarse la caída del radicalismo a nivel nacional, nos deja como enseñanza el valor que tiene la alternancia en un sistema democrático. La permanencia prolongada en el poder de una misma persona, o de un mismo partido político, trae las nefastas consecuencias que pudimos observar a lo largo de este período. La creciente corrupción y autoritarismo se explican por una sensación de impunidad que ocurre en estos casos. La apropiación de conceptos como derechos humanos y justicia social, considerando que son los únicos que los garantizan y que su punto de vista es una verdad revelada, desacreditando cualquier aporte opositor, también son parte de esta experiencia negativa que esperemos dejar atrás. Claro está que populismo y república son conceptos antagónicos, y con esa dicotomía concurrimos a las urnas el 22 de noviembre. Para el populismo, las mayorías tienen derecho a todo y las minorías no tienen derecho a nada, y cualquier reclamo de las minorías, cualquier disidencia, es “golpismo”, es mandarlos a “armar un partido y ganar las elecciones”. Es una concepción totalitaria y anacrónica, como también lo es discutir sobre izquierdas y derechas. El populismo no distingue entre izquierdas y derechas. Menem fue populista de derecha, y los Kirchner, populistas de izquierda (al menos en el discurso), con lo cual, vincular a Mauricio Macri con la derecha menemista representa, al menos, un contrasentido, un deseo de construcción del rival como un enemigo. Macri no es populista, y tal vez sea este el concepto por el cual a muchos les cuesta clasificarlo, o lo ponen a la derecha, porque el populismo es la exacerbación exponencial de estas ideologías. Macri, como ya describió, plantea retomar las ideas desarrollistas de Arturo Frondizi. Después se verá cómo lo lleva a la práctica, y en base a eso, todas las contribuciones y críticas que se realicen de buena fe ayudarán a que esta idea pueda llevarse a cabo. Será responsabilidad de todos acompañar a este gobierno y defender una democracia que nos ha costado mucho conseguir.

Debemos tomar conciencia de que los caudillos que buscan perpetuidad no nos van a llevar a ningún lado, más bien todo lo contrario, caeremos en el precipicio que representa la institucionalización de la corrupción, del narcotráfico y de la delincuencia, que sirve para abastecer a ambos. El PJ debe rearmarse a partir de valores democráticos, dejando atrás las viejas disputas setentistas que utilizó este gobierno para sembrar odio, resentimiento y revanchismo. No esperemos que Mauricio Macri sea el salvador o un superhéroe. Será un presidente que trabaje, con aciertos y errores como todo el mundo, pero incluyendo a todos, no sólo a los de su partido. Mañana empezaremos a conocer la pesada herencia que recibe, y cuáles serán las herramientas que dispone para afrontarla. Debemos tomar conciencia de que la política debe dejar de ser un negocio para unos pocos para ser un servicio público que contribuya al bienestar de la sociedad. Empecemos a vivir, de una vez por todas, una verdadera democracia, que permita alternancias, el respeto por las instituciones y a la Constitución Nacional y a las Leyes, definitivamente, los máximos garantes de la libertad, de la justicia y de nuestros derechos.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Vientos de cambio

Buenos días. Ha llegado el momento de realizar un análisis de este proceso que terminó con la elección de Mauricio Macri como el próximo presidente de los argentinos en el período 2015-2019. Un camino arduo, en el que luego del resultado de 2011 y ese “vamos por todo” como grito de guerra, sentimos que la república y la democracia corrían peligro. Y así, uno a uno, esos objetivos se fueron diluyendo ante el clamor popular. Primero, cayó la reforma constitucional y el proyecto de una “Cristina eterna”. Luego, cayó el avance para silenciar a los medios críticos, con lo cual los opositores pudimos seguir expresándonos libremente, más allá de la persecución sufrida en las redes sociales. A continuación, el proyecto para colonizar la justicia, que luego del fallido intento de “democratización” ha dado pasos lentos pero seguros. Y finalmente, con las elecciones de ayer, se dio el paso definitivo hacia un cambio en los valores como Nación.

Es cierto que, para muchos, Mauricio Macri no era su candidato predilecto ni mucho menos, y muy probablemente la exigua diferencia en el resultado haya expresado cierta reticencia, un miedo al cambio que aún persiste. Habrá mucho trabajo por hacer en materia económica y política, pero tenemos la tranquilidad de que los postulados del próximo gobierno no serán tomados como una verdad absoluta ni será tildado de enemigo quien se oponga a ellos, lo cual ya podemos considerarlo un avance. Un país se construye desde el diálogo y la crítica constructiva, y en este tiempo nos acostumbramos a la desunión de las agresiones y las chicanas. Ese es el cambio, ni más ni menos. Todos participaremos del país que queremos, sin fanatismos ni sectarismos que no conducen a ningún lado. Es muy probable que el resultado de anoche haya reflejado esa necesidad de no otorgarle más cheques en blanco a nadie, de que se demanda la búsqueda de un consenso y la unión de todos, que pongamos en juego las diferencias que podamos tener sobre la mesa y en base a un debate sano y constructivo, elegir cual es nuestro futuro. Eso es la democracia, y eso es el cambio. Aprender a escucharnos, a evaluar las propuestas, y a no atacarnos. Pensar distinto es más común de lo que creemos, porque hay tantos pensamientos como personas hay en el mundo. Una vieja frase dice que “cuando dos personas piensan de la misma manera con respecto a algo, en realidad es una persona que piensa por las dos”. Tomemos en cuenta esto, y dialoguemos, escuchemos y hablemos con claridad.


Este gobierno tiene muchas propuestas que me gustaría que, quienes ayer se inclinaron por Daniel Scioli lean, opinen, sugieran, y se involucren. Todos soñamos con un país mejor, y con que no haya hambre, y hay muchas formas de hacerlo. La situación económica, como todos sabemos, es muy delicada, y no es normal una inflación de dos dígitos en una economía estancada, ni un mercado cambiario restringido, ni un BCRA técnicamente quebrado y sin reservas, como así tampoco es normal que un asalariado pague impuesto a las ganancias ni se tenga una presión tributaria récord. Será difícil salir de todas estas situaciones, y más en un país en el que estamos acostumbrados a las medidas cortoplacistas típicas de los populismos que saben endulzar los oídos pero que en la práctica terminan siendo perniciosos. Respaldemos nuestra elección de un cambio, y acompañemos. Vendrán tiempos mejores.